Agosto 2016

Prof. Jorge A. Alonso

La sociedad tiene una idea generalizada sobre la actividad del inmobiliario en ser una tarea rutinaria, simple, superficial, centrada en la venta de inmuebles residenciales; comerciales, industriales, usados o a estrenar, tanto en venta como en alquiler. Así lo era hasta un tiempo atrás, y lo sigue siendo para aquellos que no ampliaron su horizonte de actividad. Para el inmobiliario profesional ésta es sólo una parte, aunque fundamental, del negocio del real estate. El abanico de oportunidades de negocios se amplió considerablemente para quien esté preparado para ello. El comerciar con bienes raíces no implica sólo vender o alquilar; se compone más bien de una compleja gama de servicios en la que los inmuebles tienen un papel central, pero en una transacción como en la que puede intervenir en el presente, el inmueble no es el único “bien” que se intercambia.

En el folleto de una empresa inmobiliaria de Buenos Aires – que opera en el mercado de campos, residencial urbano y comercial – se sintetiza la responsabilidad que una empresa del Real Estate pone al servicio de la sociedad. Y entre otras consignas, prioriza cuidar la confianza del cliente como una constante en cada negocio que se encara. Su primer compromiso es la justa tasación técnica, que haga posible el intercambio. Y pone de manifiesto “el cuidado extremo que se debe aplicar en el análisis de los temas y regulaciones de todo tipo que hacen al entorno de cada negocio, tales como la situación fiscal de cada parte interviniente; la seguridad notarial y la revisión de los antecedentes de cada propiedad ingresada para su comercialización; la administración de los informes; la confidencialidad; el puntual cumplimiento de los aspectos impositivos y notariales para llegar “a tiempo” con los plazos pactados; la incidencia impositiva en ambas partes y en la propia; la organización administrativa de la propia empresa; los factores endógenos que la misma enfrenta; y la eficacia de una buena negociación.”

Se advierte entonces que la gestión comercial no es la única opción para un cliente del Real Estate. Analizando el segmento de los inmuebles como bienes tangibles intercambiables, la actividad se centra en ofrecer una variada gama de servicios basados en el desenvolvimiento central de la actividad: En toda transacción inmobiliaria, no sólo trata con un vendedor, sino que también lo hace con un comprador. El papel del inmobiliario, entonces, es acercar a un comprador y a un vendedor, para que ambos realicen la mejor transacción posible, transformándose así en un asesor y en muchos casos en un mediador.

Los cambios a los que debe adecuarse y ojalá anticiparse ese inmobiliario son numerosos y abarcan todos los componentes de la actividad. Desde el contexto en el que actúa con todas las implicancias que ello supone, en el que gravitan no solo la situación socio-económica de la población sino también el estado psicológico de la misma – vasta observar el comportamiento febril é irascible de los habitantes de las grandes urbes en su comportamiento como peatones, como automovilistas, como compradores compulsivos, como consumidores de los tiempos de ocio – para darse cuenta de su influencia en el tratamiento de temas de mayor trascendencia, como puede serlo en la actividad inmobiliaria la compra, la venta o el alquiler de un inmueble, hasta la competencia que se muestra en muchos casos creativa y novedosa y en otros hasta agresiva, pone al empresario inmobiliario en la necesidad de adecuarse rápidamente a los nuevos desafíos. Y así lo pontifica Alvin Toffler en su libro “El cambio del poder”, cuando señala que el mundo se dividirá en rápidos y lentos “Su ritmo viene determinado por la velocidad de las transacciones, el tiempo necesario para tomar decisiones (en especial con respecto a inversiones), la velocidad a la que se crean las nuevas ideas en los laboratorios, el ritmo al que se aplican en el mercado, la velocidad de los flujos de capital, y, sobre todo, la velocidad con la que los datos, la información y el conocimiento fluyen a través del sistema a económico”.

En resumen, operar en el Real Estate demanda ética, responsabilidad social empresaria y actualización constante, en la que la capacitación actúa como herramienta infalible. Y en este campo, la Cámara Inmobiliaria Argentina y su Instituto de Capacitación – cumpliendo sus 25 años de actividad educativa – ofrece una variada gama de formatos pedagógicos que abarcan los sistemas on line y personalizado, desde sus Carreras terciarias, Post título; Especialización, seminarios, cursos, talleres y jornadas. Asimismo su vinculación con los principales actores del sector, lo sitúan en forma privilegiada para el desarrollo de programas de actualización “in company”.