Semanas atrás se publicó una interesante nota, aun más para los desarrolladores que intentan interpretar las necesidades de un mercado que los obliga a repensar el significado de los amenities y cuáles son los servicios más valorados por los compradores.

Al parecer, ya no se trata de complementar un complejo o edificio con SUM, piscina o gimnasio. Sí consiste en proyectar en base a la experiencia de uso.

Se privilegian los espacios destinados a la actividad social, la gestión y la automatización.

Lorena Guadino de La Nación relata en su nota que un buen ejemplo es el caso del nuevo proyecto de la constructora TGLT que implementa un sistema online para que cada propietario administre sus servicios: autorizar el ingreso de visitas, reservar un amenity, pagar las expensas o contactarse con los vecinos.

Una de las exigencias prioritarias es la instalación de dispositivos de alta tecnología para preservar la seguridad aunque también se suman excentricidades como contar con un mayordomo y una mensajería, espacios exclusivos para adolescentes, áreas de co-working, lavadero de autos, salas de ensayo, microcine, minigolf y hasta spa de mascotas.

Por supuesto que no falte la posibilidad de regular la temperatura, alarmas, electrodomésticos, etc. desde una aplicación en el smartphone.

Las urbanizaciones de zonas del Gran Buenos Aires -AMBA- tal como las instaladas en la costa atlántica se unen en un mismo propósito: “vivir de vacaciones”. Deportes náuticos, lagunas artificiales con playas y paradores temáticos, campos de golf, polo, centro de convenciones o animales exóticos conviviendo en los lugares comunes.

Todas estas sofisticaciones tienen su costo, como todo. Se calcula que elevan entre un 10 a un 20% más el valor de la propiedad frente a otras que con las mismas dimensiones no ofrecen este tipo de comodidades. Así también se deben considerar los costos de mantenimiento de lujos y sofisticaciones que repercutirán en las expensas.