La reforma tributaria trajo consigo un nuevo impuesto cedular que grava la utilidad que
obtienen las personas humanas por la venta de inmuebles ubicados en el país. Este
impuesto reemplaza para inmuebles adquiridos a partir del 1/1/18 al impuesto a la transferencia de inmuebles y establece una alícuota del 15% sobre la utilidad entre el
precio de compra ajustado (costo) y el de venta.

El costo del inmueble será ajustado por el IPIM desde el momento de su adquisición hasta el de su posterior venta.
En contraposición si una persona humana tiene un inmueble ubicado en el exterior y luego lo vende, el art. 154 de la ley del impuesto a las ganancias (también modificado por la ley 27260 de reforma tributaria) establece que el costo incurrido en moneda extranjera no debe ser calculado en pesos al momento de la compra y actualizado por el IPIM sino que dicho costo será convertido a moneda del país al momento de la venta del inmueble. En términos prácticos si el inmueble costó 200 mil dólares cuando se adquirió, al momento de venderse el costo de dicho inmueble serán aquellos 200 mil dólares por el valor de cotización del día de la venta.
Es fácil advertir que si el análisis de la inversión se realiza en moneda extranjera, por un
inmueble situado en el país se puede estar pagando impuesto aún cuando el inmueble
fuera vendido por menos dólares que por los que se lo compró, porque al venderse por
más pesos que lo que representa el costo (en pesos) ajustado por inflación al momento de
la venta pareciera existir una utilidad, y ello se da por la combinación entre la fluctuación de la cotización de la moneda extranjera y el ajuste del costo del bien que se realiza mediante un índice de precios que muchas veces no acompaña con la misma velocidad al tipo de cambio.

El costo del inmueble será ajustado por el IPIM desde el momento de su adquisición hasta el de su posterior venta.
En contraposición si una persona humana tiene un inmueble ubicado en el exterior y luego lo vende, el art. 154 de la ley del impuesto a las ganancias (también modificado por la ley 27260 de reforma tributaria) establece que el costo incurrido en moneda extranjera no debe ser calculado en pesos al momento de la compra y actualizado por el IPIM sino que dicho costo será convertido a moneda del país al momento de la venta del inmueble. En términos prácticos si el inmueble costó 200 mil dólares cuando se adquirió, al momento de venderse el costo de dicho inmueble serán aquellos 200 mil dólares por el valor de cotización del día de la venta.
Es fácil advertir que si el análisis de la inversión se realiza en moneda extranjera, por un
inmueble situado en el país se puede estar pagando impuesto aún cuando el inmueble
fuera vendido por menos dólares que por los que se lo compró, porque al venderse por
más pesos que lo que representa el costo (en pesos) ajustado por inflación al momento de
la venta pareciera existir una utilidad, y ello se da por la combinación entre la fluctuación de la cotización de la moneda extranjera y el ajuste del costo del bien que se realiza mediante un índice de precios que muchas veces no acompaña con la misma velocidad al tipo de cambio.

No resulta razonable que el costo en uno de los casos se calcule tomando el valor corriente de la moneda extranjera invertida, porque en este contexto de alta presión fiscal podemos preguntarnos si no estaremos construyendo una suerte de cuasi-paraíso fiscal para algunas situaciones…

Fuente: Diario El Cronista

https://www.cronista.com/fiscal/Venta-de-inmuebles-politica-fiscal-y-llegada-de-inversiones-20181126-0006.html